En enero de este año, el Ministerio de Medio Ambiente sometió a información pública el anteproyecto de norma de emisión de contaminantes en plantas de harina y aceite de pescado y plantas de alimento para peces que, en función de sus olores, generan molestia y constituyen un riesgo a la calidad de vida de la población. Esta sería la segunda regulación de olor que se aborda en este país tras la reciente aprobación de la Ley que Regula la Emisión de Olor del Sector Porcino en febrero. Pero esta es una de las muchas actuaciones que está llevando a cabo el ministerio. Vamos a repasar en este post algunas de las iniciativas que se están llevando a cabo.
Chile, puede ser a día de hoy, quizá con la excepción de Alemania, el único país en el mundo que está trabajando de forma efectiva en la gestión del impacto por olor a nivel regulatorio. El Ministerio de Medio Ambiente de este país se ha propuesto acabar con la política de escape libre y mejorar la calidad del aire, con respecto a este vector ambiental. Pero ¿qué está haciendo este país para mejorar la calidad del aire de sus ciudadanos?
Quizá comenzaría hablando de las diversas campañas de difusión que ha tenido la primera norma de olores para el sector porcino. No hay regulador en el mundo, ni siquiera Alemania, que haya llevado a cabo tantas charlas, reuniones, webinars con ciudadanos, actividades potencialmente generadoras de impacto por olor y técnicos para someter este proceso a información pública antes de su propuesta final. Representantes del Ministerio y de otras entidades públicas, han estado recorriendo todo el país, presentando la norma, tanto de forma presencial, como de manera virtual a lo largo de los años 2021 y 2022. Asimismo, se abrió un proceso de información pública que culminó en esta nueva regulación aprobada en febrero.
Este ente tiene previsto implementar un indicador para evaluar la reciente regulación para el sector porcino, mediante encuestas en el segundo trimestre de este año 2023, y sucesivamente con carácter annual.
En segundo lugar, está el anteproyecto de norma de emisión de contaminantes en plantas de harina y aceite de pescado y plantas de alimento para peces que, en función de sus olores, generan molestia y constituyen un riesgo a la calidad de vida de la población. De nuevo, se han llevado a cabo 82 actuaciones incluyendo numerosos eventos de difusión, como este video tan interesante publicado hace un par de meses. El borrador está disponible para su consulta aquí.
En tercer lugar, el Ministerio está ya trabajando en la tercera regulación del impacto por olor, esta vez de plantas de Celulosa y Papeleras, de acuerdo al cronograma trazado por el ministerio de medio ambiente hace ya varios años.
En cuarto lugar, el Servicio de Evaluación Ambiental de este país, que por cierto no depende del Ministerio, está llevando a cabo una guía de modelación del olor basada en el reciente Manual Internacional sobre la Evaluación de la Exposición al Olor mediante Modelos de Dispersión. Se espera la publicación de esta guía para este año 2023.
El Ministerio está trabajando también en una futura Ordenanza Tipo de Olor, para uso municipal de forma que las poblaciones afectadas por impacto por olor, tengan una guía para regular este impacto y quien sabe, para ordenar su territorio de forma más sostenible y con menor impacto en la calidad del aire.
Este organismo se encuentra asimismo revisando su Estrategia de Olores después de las ediciones del 2014-2017 y la posterior implementación comentada en detalle en esta presentación de Daniela Caimanque.
Por último, el Ministerio se encuentra organizando un Seminario sobre gestión de olores para el segundo semestre de este año en Santiago, para mostrar estos y otros avances que se están llevando a cabo.
No existe país en el mundo que esté abordando de forma tan activa el impacto por olor, que afecta, sólo en Chile, y en el caso de las plantas de tratamiento de harinas y aceites de pescado, a más de 150.000 personas. La excepción quizás sería Alemania, con la aprobación reciente de su nueva ley de Calidad del Aire que afecta a todas las actividades potencialmente generadoras de impacto por olor.
En cualquier caso, el proceso chileno, que comenzó hace 11 años, es un ejemplo de cómo abordar el impacto por olor de forma efectiva, que cualquier otro país debería tomar como referencia, dado el éxito de las iniciativas llevadas a cabo.